lunes, 14 de enero de 2019

Ven a cenar conmigo

Immanuel Kant murió el doce de febrero de 1804. Sus últimas palabras fueron: «Es ist gut» (es bueno). Según Julian Baginni, se refería al vino y el pan que acababa de darle su amigo y biógrafo E. A. C. Wasianski.

Curiosamente, Kant rechazó la comida y la bebida como objetos de apreciación crítica contemplativa porque no se pueden juzgar de forma imparcial, es decir, dejando a un lado nuestros gustos:

In his Critique of Judgment, he transforms theorizing about critical appreciation by popularizing the notion of the aesthetic and developing an account of imaginative appreciative experience. He claims that authentic aesthetic experience—the hedonic experience that allows one to judge objectively the merits of what one experiences—must be disinterested, contemplative, and reflective. For Kant, gustatory experience fails on all counts and by its very nature only allows for subjective assessment. It exhibits a personal preference that prevents it from serving as the basis for a universal or objective evaluation.
Además, dado que el placer de comer gira en torno a la satisfacción inmediata de una necesidad animal se trata de algo instrumental, otra razón por la que cocinar no puede considerarse arte:

Downplaying the animal part of aesthetic experience is, I think, part of the appeal of Kant’s theory that the pleasure we get from art is of a particular, disinterested kind, meaning it is not connected to any instrumental goal. So, for example, pornography is not art, because its aim is arousal, whereas Michelangelo’s David inspires a kind of awe. We talk of a ‘beautiful goal’ in football, but it serves the purpose of winning a game and is not just beautiful in itself. On this account, food is not a pure aesthetic pleasure because it is inherently tied to the satisfaction of desire or appetite. Similarly, Aristotle thought the sense of touch and taste were ‘servile and brutish’ because they are ‘pleasures as brutes also share in’.
Además de ser desinteresados y de no servir a un fin específico, los juicios estéticos, según Kant, deben ser universales y necesarios. Ambos son consecuencia de la imparcialidad: al no basarse en características o inclinaciones propias del sujeto el placer del juicio estético es aplicable a todos y siempre tiene lugar. De nuevo, la cocina no cumple estos criterios.

Muy a mi pesar la naturaleza me ha dotado de un apetito vigoroso acompañado por un estómago a prueba de casi todo. Cosa de familia, como suele ocurrir, en este caso por parte paterna. Para que se hagan una idea, siempre que la visito mi abuela me recuerda aquella nochebuena en la que mi padre, siendo niño, lloró a moco tendido porque estaba lleno y no podía seguir comiendo.

Ciertamente me gusta comer, si bien mis gustos culinarios no son nada refinados. Muy al contrario, me identifico con la autodescripción del cómico Leo Harlem: «prosaico». Esto significa que puedo saber si voy a comer bien o no mirando el menú. Por ejemplo, si los platos tienen más de cuatro palabras sé que lo voy a pasar mal. ¿«Tortilla de patatas», «jamón ibérico», «lentejas con chorizo» o «chuletón a la brasa»? Perfecto. ¿«Rape a la Galicia verde y sinfonía de setas y marisco» o «Txangurro gratinado al horno con vino oloroso y tomate»? Tate, que nos tocado un chef.

A veces ni siquiera hace falta repasar el menú entero. Por ejemplo, desde el momento en el que un plato consiste en un ingrediente sobre cama de otra cosa soy consciente de mi papel de víctima de quienes gustan de aparentar. En casos extremos no hace falta ni mirar la carta: los platos cuadrados o con bordes de un palmo de longitud, verbigracia, suelen ser un mal augurio.

De pequeño era muy exquisito con la comida (más de lo habitual en los niños) y renegaba de docenas de alimentos y platos populares. Con la edad algunas de esas restricciones han desaparecido, si bien creo que mi abanico de gustos sigue siendo más reducido de lo habitual. En esto sí que no me parezco a mi padre el cual, siempre que declino la oferta de un plato que no me gusta, apunta que no sé lo que me estoy perdiendo.

Tomando la teoría Kantiana de lo bello como punto de partida es difícil ver cómo la comida puede considerarse arte. ¿Acaso no hay nada más subjetivo que nuestro paladar? No se trata solo de los sabores pues también influye nuestra forma de ver el mundo. Por ejemplo, hay veganos que no pueden disfrutar del más exquisito plato de carne por el sufrimiento que para ellos representa, no porque el sabor les desagrade. De manera similar, podemos imaginar un caso extremo en el que enfrentamos a varios críticos culinarios a probar diferentes guisos de carne humana. ¿Podrían emitir un juicio no influenciado por el tipo de carne?

Y, aún así, damos por hecho ciertas verdades universales. Por ejemplo, que a cualquier persona le gustará más el jamón ibérico de bellota que el jamón serrano envasado; que los huevos de las gallinas en libertad están más ricos que los de las gallinas criadas en jaulas diminutas apiladas en naves industriales, o que los tomates recién cogidos de la mata tienen un sabor que no tienen aquellos que se dejan madurar en una cámara frigorífica. Por tanto, no siempre se trata de cómo la comida nos sabe a nosotros pues hay cualidades que cualquier persona puede detectar, como la untuosidad de un buen jamón o la textura de un arroz en su punto.

Julian Baggini dice que nuestro mayor error es pensar en la subjetividad de forma binaria. Normalmente asumimos que hay ámbitos objetivos como, por ejemplo, las matemáticas, donde las opiniones personales no tienen cabida y otros, como pueden ser la moda, que son totalmente subjetivos, sin reglas universales. Baggini asegura que no tiene por qué ser así. En ocasiones ambos tipos de juicio se mezclan, y la comida es, como hemos visto, un ejemplo:

The biggest mistake people make about objectivity is to think it stands in an either-or relation to subjectivity; that either there is a simple fact of the matter or it’s a matter of opinion; that there are facts, which are true or false, or there are opinions, and there is nothing in between. As Thomas Nagel argued so persuasively, ‘The distinction between more subjective and more objective views is really a matter of degree, and it covers a wide spectrum. A view or form of thought is more objective than another if it relies less on the specifics of the individual’s makeup and position in the world, or on the particular type of creature he is.’
The application of this to food is clear. The experts who chose Wine Spectator’s best wines of 2012 were more qualified to identify and assess the qualities of the wines than the casual quaffer. With their practice in discerning the real qualities in the wine, plus their knowledge of what makes the difference between a wine that really works and one that doesn’t, they have a more objective view than those who know little more than what they personally find pleasant. The most objective views involve much more than just the experience of eating and drinking. Knowledge of how foods are produced, the science of agriculture and food production, the biology of taste, the role of food in the global economy and society – all these things take us beyond how we subjectively feel about food to what it objectively is.
That does not mean there is a kind of ‘view from nowhere’, as Nagel put it, from where all the world’s wines could be placed in strict order of merit. Objectivity has great limits with food, largely because you are never strictly comparing like with like: how would you even begin to say which was better of an excellent claret and a fine Rioja? But except for the artificial distinctions of awards and competitions, the aim of greater objectivity in food is not to reach such a ranking, but simply to appreciate more fully the qualities of what we put in our mouths.
Mi hermana es cocinera aficionada. Como comensal es de esas personas que quedan encantada cuando le sirven comida deconstruida, en forma de espuma o en vaso de chupito. Ella misma sirve la comida en platos cuadrados o bandejas de pizarra y, si pudiera permitírselo, sin duda tendría un soplete y nitrógeno líquido.

Yo, sin embargo, no soporto las ínfulas. Aborrezco esos locales con decoraciones exclusivas y «cocina de autor» cuyas materias primas son las mismas que las de las tascas de al lado y que sirven platos con nombres rimbombantes de sabor mediocre y precios exorbitados. Muy a mi pesar he conocido varios de estos lugares a través de personas para quienes la comida es una moda y una manera de aparentar, otra forma de distinguirse del populacho que llena el gaznate en restaurantes de franquicia. Es la historia de siempre: «miradme, mi paladar es sofisticado, soy mejor que la gente». Este tipo de personas no sabe justificar por qué una comida es buena o no sin referirse a la reputación del local o del cocinero, al precio del cubierto o, en última instancia, a sus propios gustos. Su apreciación de algo que no lo merece los convierte en esnobs. No disfrutan un arte, solo son pijos.

Tampoco reivindico lo contrario, verbigracia, comer trozos de pollo frito en aceite de motor de un cubo de cartón sentados en el sofá mientras vemos la televisión. Que la comida no sea un arte no significa que no haya formas más apropiadas que otras de valorarla. Quienes tenemos alimento de sobra deberíamos sentirnos agradecidos por nuestra suerte. Reservar tiempo para comer en la mesa sin distracciones externas no solo sirve para comer menos y disfrutar debidamente, sino también para respetar los tiempos y ritmos del día. Si nos sentimos inclinados a ello la hora de la comida puede ser incluso un momento de meditación.

Para algunas personas la comida es solo una necesidad impuesta por la naturaleza para mantenerse vivos por lo que les es suficiente con matar el hambre. Para otras, es uno de los mayores placeres de la existencia. Hay quien usa la cocina como forma de expresarse o de aparentar. Finalmente, están quienes intentan transformar la satisfacción de un instinto animal en un placer elevado. Creo que es relativamente fácil saber a qué grupo pertenece una persona a traves de sus manteles, su menaje y sus recetas. Así que dígame, querido lector. ¿Qué forma tienen sus platos?

lunes, 31 de diciembre de 2018

Un año de libros (edición 2018)

En diciembre del año pasado me planteé leer menos. Dicho y hecho, durante estos doce meses tan solo he leído doce libros, una cifra muy por debajo de lo habitual. Mi idea era leer menos y reflexionar más sobre lo leído pero me he encontrado con que cuando termino una lectura no reviso el tema a no ser que siga leyendo sobre él. Así, he pasado la mayor parte del año pensando en asuntos distintos de los tratados en la lista que les traigo hoy.

Foto de stef niKo


Living with a SEAL: 31 days training with the toughest man on the planet, de Jesse Itzler. Un tipo conoce a un miembro de los SEAL en una carrera de resistencia y lo contrata para que le entrene durante un mes. De lo peor que he leído en mucho tiempo. Los pasajes autobiográficos están escritos de forma que se puede oír al autor lamiéndose su propio cipote mientras que las descripciones de su vida con el SEAL están llenas de tópicos y fantasías propias de Hollywood. Malo a más no poder.

Post-Truth: the new war on truth and how to fight back, de Matthew d'Ancona. Nos hemos acostumbrado a las mentiras de los políticos, asegura d'Ancona. Las promesas inalcanzables se corresponden con expectativas irrazonables mientras que los objetivos no alcanzados se ocultan con eufemismos y evasivas. La indignación ha dado paso al desencanto y la indiferencia. La mentira es considerada la norma incluso en las democracias. A consecuencia de ello, la confianza desaparece, la objetividad se asume como inexistente y no hay más autoridad que la de uno mismo, eligiéndose los hechos según las creencias de cada cual. La honestidad deja de tener valor y el valor principal de la Ilustración, la razón, es destrozada por charlatanes.

The Virtues of the table: how to eat and think, de Julian Baggini. Breves disertaciones sobre comida y filosofía, desde el origen de los alimentos hasta su consumo, pasando por su preparación. ¿Es nuestro deber moral comer alimentos cultivados localmente? ¿Es éticamente reprochable consumir carne? ¿Por qué ayunar? ¿Por qué deberíamos evitar los bufé libres? ¿La alta cocina puede considerarse un arte? Como todos los libros de Baggini este aplica la filosofía a nuestra vida diaria de forma entretenida y fácil de entender. Recomendable.

Nothing is true and everything is possible: the surreal heart of the new Russia, de Peter Pomaerantsev. Rusia se extiende a través de nueve zonas horarias y comprende un sexto de toda la masa terrestre. Según el autor, en este país, donde existen aldeas que parecen hallarse en la Edad Media en las que los habitantes obtienen su agua de pozos de madera, la televisión es la fuerza que une y gobierna, el gran ariete de propaganda del Kremlin que nunca descansa. La propaganda rusa es sofisticada y, a menudo, difícil de percibir. Controla la narrativa y las aspiraciones de los jóvenes a través de los programas de entretenimiento a la vez que hace lo mismo con los rivales políticos del presidente y Occidente en general mediante los noticieros y programas de investigación.

How to build a car, de Adrian Newey. Son las memorias del ingeniero experto en aerodinámica Adrian Newey, cuyos diseños hicieron campeón al equipo de Fórmula 1 Red Bull Racing (entre otros). Es un libro muy interesante para los aficionados de este deporte que disfruten especialmente con los aspectos técnicos de los monoplazas. El libro contiene incluso diagramas hechos a mano por el autor explicando sus diseños y algunos conceptos. En ocasiones el contenido es tan técnico que uno se pierde.

Fariña: historia e indiscreciones del narcotráfico en Galicia, de Nacho Carretero. Me habían recomendado este libro antes de que se hiciera famoso por ser prohibida su venta y aproveché la polémica para sacarlo de la pila de libros pendientes. Es interesante y exhaustivo.

¿Me hablas a mí? La retórica de Aristóteles a Obama, de Sam Leith. Un libro de iniciación a la retórica en lenguaje llano. Muy interesante y bien escrito, probablemente lo mejor que he leído este año.

Psych and philosophy: some dark juju-magumbo. Me aficioné a esta serie de libros tras leer Superheroes: The Best of Philosophy and Pop Culture, obra que me encantó. Desafortunadamente, la calidad de los títulos de esta línea editorial es muy irregular. El libro dedicado a la serie del detective vidente Shawn Spencer no es malo del todo (The Simpsons and philosophy es mucho peor) pero sí adolece de fallas propias de la serie: muchos autores hablan del mismo tema, otros parecen no haber visto más que el episodio piloto y, a menudo, las disquisiciones filosóficas son superficiales. Como aspectos positivos, este libro contiene algunas disertaciones sobre epistemología y sobre la filosofía de la mentira que son bastante interesantes.

Never grow up, de Jackie Chan. La autobiografía del célebre actor de artes marciales. Ya conocía parte de su vida porque practiqué kung fu durante años y, para los que practicábamos artes marciales chinas en los noventa, Jackie Chan era un referente. Como suele suceder en estos casos, en el cénit de su popularidad los aspectos oscuros de su vida no salían a relucir. En este libro menciona algunos, desde su afición por el alcohol y las apuestas hasta los hijos fruto de infidelidades, si bien no les dedica el mismo espacio que a sus logros, de los cuales es evidente que se siente muy orgulloso. Quienes hemos visto sus películas sabemos que, siempre que ha podido elegir, Jackie Chan se ha interpretado a sí mismo, tratando de mostrarse como un tipo normal, afable y generoso que no tiene problema en mostrar algunos de sus errores. El libro es una interpretación más de su persona, otra manera de proyectar la imagen que él quiere para que pensemos de él lo que él pretende. Dejando las relaciones públicas a un lado, el libro es interesante (su vida ha sido interesante) y entretenido, lleno de anécdotas curiosas sobre su infancia, sus inicios, el cine, la paternidad, la riqueza y la fama.

lunes, 17 de diciembre de 2018

En busca del coche perfecto (V)

Vamos a añadir más coches a nuestra tabla de clasificación usando el método de normalización z-score del que hemos hablado. Agreguemos estos:

Coche CV Consumo combinado Equipamiento Equipamiento de seguridad Precio
Audi A3 Sportback 150 5,1 35 9 28.950
Fiat Tipo Easy 120 6,0 14 4 18.777
Hyundai i30 Go 120 5,4 33 15 23.025
Kia Ceed Drive 100 6,2 18 13 20.350
Pegueot 308 GTLine 130 4,4 27 8 20.440
Volkswagen Golf Sport 5p 130 5,0 44 9 28.945


Anexándolos a los coches que ya teníamos, normalizando los datos y haciendo la suma la clasificación quedaría así:


Coche CV Consumo combinado Equipamiento Equipamiento seguridad Precio Puntuación final
Audi A3 Sportback 150 0.37 -0.53 0.46 -0.53 1.15 -0.32
Fiat Tipo Easy -0.6 1.06 -1.79 -1.99 -1.44 -4
Ford Focus Trend -1.24 -0.88 -1.01 0.34 -1.24 0.21
Honda Civic Prestige 1.41 0.71 1.43 1.21 1.121 2.22
Hyundai i30 Go -0.6 0.18 0.26 1.21 -0.36 1.06
Kia Ceed Drive 100 -1.24 1.42 -1.20 0.63 -1.04 -2.19
Mazda3 Evolution -0.6 -0.53 0.066 -0.24 -0.64 0.40
Opel Astra GSiLine 200 1.99 1.42 0.65 1.21 1.01 1.42
Peugeot 308 GTLine -0.27 -1.77 -0.03 -0.83 -0.61 1.25
Renault Megane GTLine 160 0.69 0.18 -0.72 -0.83 0.62 -1.64
Seat Leon Xcellence Edition Plus 0.37 -0.53 0.55 0.34 0.3 1.5
Volkswagen Golf Sport 5p 130 -0.27 -0.71 1.33 -0.53 1.14 0.09

Ordenemos por puntuación para ver el resultado más claramente:

Coche Puntuación final
Honda Civic Prestige 2.22
Seat Leon Xcellence Edition Plus 1.5
Opel Astra GSiLine 200 1.42
Peugeot 308 GTLine 1.25
Hyundai i30 Go 1.06
Mazda3 Evolution 0.40
Ford Focus Trend 0.21
Volkswagen Golf Sport 5p 130 0.09
Audi A3 Sportback 150 -0.32
Renault Megane GTLine 160 -1.64
Kia Ceed Drive 100 -2.19
Fiat Tipo Easy -4


El Honda Civic recibe la mejor puntuación, seguido del Seat León y del Opel Astra. En la cola de la tabla encontramos el Renault Megane, el Kia Ceed y el Fiat Tipo.

Un momento. Aquí falla algo. ¿No habíamos quedado en que el Seat León era el mejor? Recordemos la clasificación que teníamos antes de agregar más coches:

  1. Seat León Xcellence Plus
  2. Honda Civic Prestige
  3. Mazda 3 Evolution
  4. Ford Focus Trend
  5. Opel Astra GSILine
  6. Renault Megane GTLine
Sin embargo, en la nueva clasificación el orden de varios vehículos ha cambiado. Antes teníamos:

Seat León Xcellence Plus > Honda Civic Prestige
Mazda3 > Opel Astra GSILine 
Ford Focus Trend > Opel Astra GSILine

Pero ahora tenemos:

Honda Civic Prestige > Seat León Xcellence Plus
Opel Astra GSILine > Mazda3 Evolution
Opel Astra GSILine > Ford Focus Trend

¿Qué ha pasado? ¿Por qué la clasificación ha cambiado al agregar más vehículos?

En resumidas cuentas, porque hemos normalizado los datos. Ya se calculen usando mínimo-máximo o z-score, los valores normalizados se computan a partir de los existentes. Por consiguiente, cuando estos datos cambian (se agregan, eliminan o modifican observaciones) también lo hacen los valores normalizados. En nuestro caso esto significa que la clasificación no es absoluta ni inmutable ya que el orden puede variar según los automóviles que incluyamos en nuestro estudio. De nuevo, no parece una solución correcta.

Si la normalización es el problema ¿por qué no prescindir de ella? Podríamos, sencillamente, sumar y restar los valores en bruto. Si hiciéramos eso obtendríamos este resultado:


Coche CV Consumo combinado Equipamiento Equipamiento seguridad Precio Puntuación final
Audi A3 Sportback 150 150 5.1 35 9 28950 -2851,1
Fiat Tipo Easy 120 6 12 4 18777 -18647
Ford Focus Trend 100 4.9 20 12 19575 -19447,9
Honda Civic Prestige 182 5.8 45 15 28850 -28613,8
Hyundai i30 Go 120 5.5 33 15 23025 -22862,5
Kia Ceed Drive 100 100 6.2 18 13 20350 -20225,2
Mazda3 Evolution 120 5.1 31 10 21915 -21759,1
Opel Astra GSiLine 200 200 6.2 37 15 28418.24 -28172,44
Peugeot 308 GTLine 130 4.4 30 8 22050 -21886,4
Renault Megane GTLine 160 160 5.5 23 8 26889.62 -26704,12
Seat Leon Xcellence Edition (aka Plus) 150 5.1 36 12 25610 -25417,1
Volkswagen Golf Sport 5p 130 130 5 44 9 28945 -28767

Lo que resumido queda así:

Coche Puntuación final
Fiat Tipo Easy -18647
Ford Focus Trend -19447,9
Kia Ceed Drive 100 -20225,2
Peugeot 308 GTLine -21886,4
Mazda3 Evolution -21759,1
Hyundai i30 Go -22862,5
Seat Leon Xcellence Edition (aka Plus) -25417,1
Renault Megane GTLine 160 -26704,12
Opel Astra GSiLine 200 -28172,44
Honda Civic Prestige -28613,8
Audi A3 Sportback 150 -28761,1
Volkswagen Golf Sport 5p 130 -28767


La ventaja de hacer esto que el orden los coches no cambiará aunque se agreguen o se quiten otros modelos, es decir, el Ford Focus seguirá teniendo mejor puntuación que el Hyundai i30 aunque incluyamos modelos de Mercedes-Benz.

La desventaja de este sistema, sin embargo, es demasiado grande como para ignorarla y se ve reflejada en la puntuación final. Como vemos, todos los coches obtienen una puntuación negativa. Esto sucede porque el precio es una cantidad que se resta (cuanto más cuesta un coche, peor) y su magnitud es muy superior a la de los otros atributos. Por ejemplo, la potencia se sitúa entre cien y doscientos caballos mientras que el precio lo hace entre dieciocho mil y veinte mil euros lo cual significa que, si sumamos los datos en bruto, el coche más barato será siempre el primer clasificado. Empero, pocas personas considerarían que el Fiat Tipo en su acabado más básico es el mejor compacto del mercado o que el Volkswagen Golf en su versión más alta es el peor.

Quizá podamos arreglar el desaguisado asignando pesos a cada característica. Si, verbigracia, multiplicamos los valores de potencia por 144 los resultados oscilarían entre 14.380 y 28.761, de forma que la potencia importaría más o menos lo mismo que el precio. Esto nos permite, además, personalizar el cálculo a nuestra preferencia. Quizá seamos de esas personas que, en lo relativo a seguridad del vehículo, no miran el duro. Quizá queramos un coche potente para divertirnos. O quiźa busquemos gastar lo mínimo posible. Los pesos nos permiten adaptar el resultado a nuestras necesidades, si bien introducen un grado de subjetividad con el que hay que ser cuidadosos, so pena de ser víctimas del sesgo de confirmación, esto es, de que la clasificación refleje nuestras creencias previas.

Veamos un ejemplo utilizando pesos. Supónganse los siguientes pesos:

Puntuación = 3 * CV + 4 * Equipamiento

La ecuación anterior refleja que nos importa más el equipamiento que la potencia. La interpretación matemática sería que 4 caballos equivalen a 3 elementos de equipamiento. Así pues, siendo todo lo demás igual, si un coche tiene 104 caballos y 10 elementos de equipamiento tendrá los mismos puntos que uno con 100 caballos y 13 elementos de equipamiento.

Cuando solo tenemos dos atributos es sencillo ver qué significa cada peso. Sin embargo, cuando tenemos decenas o cientos de ellos la interpretación se torna dificíl o imposible.

Continuará.

lunes, 26 de noviembre de 2018

Rencor

El rencor es un pesar o enojo arraigado y tenaz el cual, por su propia naturaleza, no se cura con el tiempo o, al menos, no lo hace al mismo ritmo que otras emociones negativas. Envenena nuestra mirada y hace que todo lo veamos e interpretemos del revés, aplasta las emociones positivas y nos deja un sabor amago con sensaciones de injusticia. Yo, que soy muy rencoroso, recientemente he podido observarme en un espejo que deforma para ver hasta qué punto este sentimiento puede emponzoñar la vida de una persona.

Clemencia cuenta sesenta primaveras y está divorciada. Odia a su exmarido con todo su ser y, si conocieran la historia de su matrimonio, no podrían negar que tiene buenas razones para ello. Hace más de veinte años que se separó y todavía rehúye todo contacto con ese hombre. Si tiene que verse cerca de él por razones de peso hace como si no existiera: no le dirige la mirada y mucho menos la palabra, ignora todo lo que dice y guarda una distancia física lo más grande posible.

Foto de Orin Zebest
Clemencia tiene varios hijos en común con el objeto de su rencor. Todos ellos son ya personas adultas con sus propias familias a cuestas, algunos entrados en la mediana edad. Los hay que mantienen el contacto con su progenitor y los hay que no. Los primeros no tuvieron problema en presenciarse en las segundas nupcias de su padre, algo que a Clemencia le ha sentado tan mal como para retirarles la palabra sin dar explicaciones. Así, de un día para otro, una mujer de sesenta años ha dado la espalda a aquello de lo que se siente mas orgullosa: sus propios hijos.

Los intentos de acercamiento por parte de sus vástagos han sido infructuosos ya que Clemencia es de esas personas que se encierra en sí misma cuando está enojada y simplemente hace saber de su enfado a través de silencios e indirectas. Es el polo opuesto a esos personajes de televisión que dialogan acerca de sus sentimientos.

La última vez que vi a Clemencia su cara acusaba el esfuerzo de contener el llanto. Desbordada por el hirsuto rencor era incapaz de mirar a su hija (a la que acaba de dejar claro que no era bien recibida en su casa) mientras esta trataba sin éxito de hablar del problema.

El rencor no es malo en sí mismo, en tanto en cuanto es una reacción que la naturaleza nos ha otorgado como medio de autoprotección. Esta era, al menos, la opinión del téologo y filósofo Joseph Butler:

In Butler's sermons on resentment and forgiveness, he argues that resentment should not be looked on as a moral failing. It is simply a necessary reaction to being harmed or wronged, and teaches us to avoid similar situations in the future. It can, however, become a moral failing if we allow excessive resentment to control our actions [...]. Excessive resentment leads to revenge--and the antidote to it is forgiveness.
Es cuando el rencor nos hace renunciar a aquello que queremos o valoramos cuando pierde su valor evolutivo y se convierte en un lastre con consecuencias  fisiológicas y psicológicas negativas. Daniel Goleman escribe:

[A]ferrarse al odio y al rencor tiene importantes consecuencias fisiológicas. La investigación realizada al respecto revela que el simple hecho de pensar en un grupo al que odiamos provoca la emergencia de una ira reprimida. En tal caso, el cuerpo se ve inundado de hormonas asociadas al estrés, al tiempo que aumenta la presión sanguínea y empeora la eficacia del sistema inmunitario. Y también parece que, cuanto más a menudo y con más intensidad se repite esta secuencia de ira muda, mayor es el riesgo de padecer consecuencias biológicas duraderas.

El perdón es un antídoto para esta situación. Y es que, cuando perdonamos a alguien con quien estábamos resentidos, se invierte esta reacción biológica, es decir, disminuye la presión sanguínea y la tasa de hormonas asociadas al estrés, se enlentece el ritmo cardíaco y disminuye también el sufrimiento y la depresión. [...] Especialmente en el caso de que las heridas no hayan cicatrizado todavía, el perdón no pasa por olvidar lo que ha ocurrido y reconciliarnos con el agresor, sino por descubrir el modo de liberarnos de las garras de la obsesión por el daño que nos hayan provocado.
De opinión parecida es el psiquiatra Luis Rojas Marcos, quien asegura:

El carácter de víctima supone un pesado lastre que debilita y estanca a las personas en el ayer doloroso, manteniéndolas esclavas del miedo y del rencor, en demanda de un ajuste de cuentas. La obsesión crónica con los malvados que quebrantaron sus vidas les impide cerrar la herida y pasar la página. Pasar la página no implica negar ni olvidar el ultraje, sino entenderlo como un golpe doloroso ineludible, de los muchos que impone la vida, y que se integra en la propia autobiografía como una terrible tragedia, pero como una experiencia trágica que fue superada.

Es un hecho que los damnificados por sucesos traumáticos que obtienen sólo de forma temporal el «pasaporte de víctima» se recuperan mejor que aquellos que, consciente o inconscientemente, se aferran a esta «nacionalidad» por un tiempo ilimitado. En general, quienes pasan del estado subjetivo de víctima al de superviviente en un período aproximado de un año y perciben los agravios del ayer como crueles desafíos que vencieron, retoman antes el timón del barco de su vida. Naturalmente, las personas que han sufrido agresiones y abusos continuados durante años, como las mujeres y niños maltratados, necesitarán más tiempo que los afectados por una única agresión. Aun así, esta transición víctima-superviviente es saludable para todos porque disminuye la intensidad de los sentimientos de descontrol y de impotencia asociados a la experiencia traumática, lo que les permite volver a plantearse con entusiasmo nuevas metas.
El resentimiento que nunca desaparece da al otro más poder sobre nosotros mismos del que merece. Por una parte, cuando se tiene la desgracia de tener amigos o familia en común podemos vernos privados de momentos y situaciones que nos gustaría disfrutar y que evitamos porque no soportamos estar en la misma habitación que nuestra cruz. Por otra parte, al asumir el papel de damnificados, pasamos a definirnos en relación a esa otra persona. Ya no somos solamente Fulanito o Menganito, somos «Fulanito, a quien Zutanito puso los cuernos» o «Menganito, a quien Zutanito dejó en la ruina». Esta característica del rencor es, a su vez, una de las razones por las que es difícil librarse de él:

[G]rudges come with an identity. With our grudge intact, we know who we are—a person who was “wronged.” As much as we don’t like it, there also exists a kind of rightness and strength in this identity. We have something that defines us—our anger and victimhood—which gives us a sense of solidness and purpose. We have definition and a grievance that carries weight.
Quiźa sea por eso por lo que Rojas Marcos recalca la importancia que tiene el pasar de víctima a superviviente. La narración sobre su propia vida que construye un superviviente le hace verse definido no en relación a otro individuo, sino a su circunstancia, como un ser totalmente independiente que tiene carácter suficiente para superar las vicisitudes de la vida.

Clemencia lleva casi tanto tiempo separada como lo estuvo casada.Es solo natural que odie a ese tipo después de lo que le hizo pero parece incapaz de asumir que sus descendientes no sientan lo mismo que ella. Quizá piensa (erróneamente) que, al mantener la relación con su progenitor, sus hijos no crean que este haya hecho nada malo.

Los tres autores citados coinciden en que el perdón es la cura del rencor. Perdonar significa aquí renunciar al resentimiento que albergamos hacia quien nos ha agraviado sin negar la responsabilidad de sus acciones ni el mal que nos ha hecho. Quizá no sea la palabra adecuada en español ya que el concepto común de perdón lleva aparejada la reconciliación como fin, algo que no parece necesario en todos los casos. De lo que se trata, en cualquier caso, es dejar ir este sentimiento.

Pero ¿por qué iba Clemencia a querer perdonar? ¿Acaso no es su rencor proporcional y justificado? ¿Acaso no tiene derecho a mantener su resentimiento por el mal que ha sufrido? Probablemente sí pero cuando está en juego algo de mayor importancia moral es hora de preguntarse qué resultado es éticamente preferible. ¿Es la relación con sus hijos más significativa moralmente que el ejercer su derecho al rencor? Si se lo preguntáramos abiertamente (y consiguiéramos que nos respondiera) tal vez diría que no pero, actualmente, sus actos muestran que el odio puede ser más fuerte que el amor de madre.

lunes, 5 de noviembre de 2018

En busca del coche perfecto (IV)

Terminado el análisis de datos exploratorio podemos empezar a calcular qué coche es el mejor. Empezaremos con soluciones intuitivas e iremos refinando nuestro sistema hasta llegar a un sistema con cierta solvencia matemática. Para nuestras explicaciones utilizaremos un puñado de coches y solo consideraremos unas pocas características, ya que eso hará más fácil seguir el razonamiento.

Recordemos nuestra pregunta original. Dado un conjunto de coches ¿cuál es el mejor? En la primera parte de esta serie de artículos dijimos que «el mejor» es aquel que satisface todas nuestras necesidades y preferencias. En este caso buscamos un coche potente con un consumo bajo, bien equipado, seguro y barato. Con esta definición en mente veamos cual sería la mejor opción entre estos vehículos:

Coche CV Consumo combinado Equipamiento Equipamiento de seguridad Precio
Ford Focus Trend 100 4,9 20 12 19.575
Mazda 3 Evolution 120 5,1 31 10 21.915
Seat León Xcellence Plus 150 5,1 36 12 25.610
Renault Megane GT Line 160 5,5 23 8 26.890
Honda Civic Prestige 182 5,8 45 15 28.850
Opel Astra GSiLine 200 6,2 37 15 28.418

El Ford Focus es el más barato pero también es el menos potente y menos equipado. El Opel Astra es el más potente pero es el segundo más caro y no es el más equipado, además de ser el que más combustible gasta. El Honda Civic es bastante potente y el que mejor equipado está pero es el más caro. El Mazda 3 y el Seat León se mueven en zonas intermedias. Vamos a tratar de elaborar un ranking para dilucidar cuál cubre mejor nuestras demandas.

La primera idea que se me ocurre para crear la tabla de clasificación es asignar puntos. Podemos empezar, por ejemplo, por asignar un punto al coche que sea mejor en potencia, otro punto al que tenga mejor equipamiento, otro al que tenga mejor consumo y otro al que tenga el mejor precio. Después los sumamos todos y el que más puntos tenga sería el mejor. En nuestro caso quedaría así:

Coche CV Consumo combinado Equipamiento Equipamiento de seguridad Precio Puntos
Ford Focus Trend 0 1 0 0 1 2
Mazda 3 Evolution 0 0 0 0 0 0
Seat León Xcellence Plus 0 0 0 0 0 0
Renault Megane GT Line 0 0 0 0 0 0
Honda Civic Prestige 0 0 1 1 0 2
Opel Astra GSiLine 1 0 0 1 0 2

Tenemos un triple empate, lo cual no nos ayuda demasiado. Si tuviéramos en cuenta más características quizá lograríamos deshacer el empate pero seguiríamos tendiendo un problema: este sistema favorece los extremos, ya que solo se obtiene un punto cuando se está por encima o por debajo de todos los demás. Dado que lo que buscamos es un equilibrio entre distintos factores no parece que este método sea el adecuado porque nuestra respuesta, probablemente, ande por la zona media. Supongamos, verbigracia, que tenemos estos tres coches:

Coche CV Consumo combinado Equipamiento Equipamiento de seguridad Precio Puntos
Coche A1507,0201022.0003
Coche B1406,019921.0000
Coche C1005,510520.0002

Según esto deberíamos descartar el coche B pero, si observamos detenidamente, veremos que el coche B parece la opción más acertada: no es el mejor en nada pero está muy cerca de los que sí lo son.

La forma en que suele resolverse el problema anterior es repartiendo puntos. Por ejemplo, en los mundiales de motociclismo y automovilismo se otorga un número de puntos al ganador de cada carrera, unos pocos menos al segundo clasificado, menos aún al tercero, etcétera. De esta forma se evita que un piloto que ha ganado cuatro carreras y no ha corrido las quince restantes se proclame campeón frente a alguien que ha quedado segundo en todas las carreras.

Probemos esta solución. Vamos a usar una escala del cero al diez para cada atributo, siendo diez el valor perteneciente al mejor dato en la escala de ese atributo y cero el valor correspondiente al peor dato en la escala. Obsérvese que el diez no siempre corresponde al valor más alto pues hay atributos (precio, consumo) que nos interesa que sean lo más pequeñas posibles. En nuestro caso tendríamos:

Puntos CV Consumo combinado Equipamiento Equipamiento de seguridad Precio
01006,220828.850
102004,9451519.575

Por lo que nuestra clasificación quedaría así:

Coche CV Consumo combinado Equipamiento Equipamiento de seguridad Precio Total
Ford Focus Trend 0 10 0 6 10 26
Mazda 3 Evolution 2 8 4 3 7 25
Seat León Xcellence Plus 5 8 6 6 3 29
Renault Megane GT Line 6 5 1 0 2 14
Honda Civic Prestige 8 3 10 10 0 31
Opel Astra GSiLine 10 0 7 10 0 27

Con este nuevo sistema el campeón es el Honda Civic Prestige, seguido del Seat León Xcellence y el Opel Astra GSiLine. El peor sería el Renault Megane GT Line.

Parece un buen sistema pero, como decía el señor Lobo en Pulp Fiction, no empecemos todavía con las felaciones mutuas. Examinemos detenidamente la columna de los caballos de potencia. ¿No ven algo raro?

Coche CV Puntos correspondientes
Ford Focus Trend1000
Mazda 3 Evolution1202
Seat León Xcellence Plus1505
Renault Megane GT Line1606
Honda Civic Prestige1828
Opel Astra GSiLine20010

El Opel Astra tiene el doble de puntos que el Seat León en lo que a potencia se refiere pero, en realidad, solo tiene un treinta y tres por ciento más de caballos que este último. Similarmente, el Renault Megane tiene tres veces más puntos de potencia que el Mazda 3 aun cuando el primero solo tiene un treinta y tres por ciento más de caballos que el segundo. No parece que eso sea correcto.

La aberración detectada se debe a la normalización mínimo-máximo que empleamos para escalar los valores a un valor entre cero y diez. Esta normalización tiene un problema adicional, a saber, que comprime la distancia entre los valores de manera que los valores atípicos son atenuados. En la práctica esto significa que si un coche es muchísimo más barato o muchísimo más eficiente que los demás su puntuación no reflejaría este hecho en toda su magnitud.

Vamos a intentar solventar los inconvenientes mencionados utilizando otro método de normalización, el llamado z-score. Este método transforma los datos a una distribución con media 0 y desviación estándar 1. Si un coche es mejor que la media en equipamiento tendrá un valor superior a 0. Si, por el contrario, tiene peor equipamiento que la media, su puntuación será un número negativo. La ventaja de este procedimiento es que se preservan tanto el rango como la dispersión de la serie por lo que los datos atípicos se verán reflejados de forma fiel.

Para que los datos de media y desviación estándar sean mínimamente fiables se necesitan al menos treinta observaciones por lo que si queremos usar z-score tendríamos que trabajar con, al menos, treinta vehículos. Sin embargo, vamos a simplificar y continuar con nuestros seis compactos. Recordemos, además, que para el consumo y el precio tenemos que cambiar el signo porque cuanto menores son estos valores más puntos se ganan.

Así pues, la clasificación usando z-score como método de normalización queda así:

Coche CV Consumo combinado Equipamiento Equipamiento de seguridad Precio Puntos
Ford Focus Trend -1,28 -1,04 -1,16 0,02 -1,45 0,07
Mazda 3 Evolution -0,75 -0,63 0,02 -0,15 -0,82 0,58
Seat León Xcellence Plus 0,06 -0,63 0,56 0,02 0,17 1,10
Renault Megane GT Line 0,32 0,17 -0,84 -0,32 0,52 -1,52
Honda Civic Prestige 0,91 0,78 1,52 0,28 1,04 0,89
Opel Astra GSiLine 1,39 1,58 0,66 0,28 0,93 -0,17

De acuerdo con esta clasificación el título de «mejor coche» va a parar al Seat León, seguido del Honda Civic y del Mazda 3. El peor clasificado vuelve a ser el Renault Megane.

Continuará.

lunes, 22 de octubre de 2018

En busca del coche perfecto (III)

La siguiente parada en nuestro viaje es el análisis bivariable, es decir, comparar los valores de unas características con otras. Mediante el examen simultáneo de dos atributos podremos comprobar si existe una asociación entre ellos y la fuerza de dicha asociación. También podremos comprobar qué diferencias hay entre las dos variables, así como su importancia. En este paso ya es posible empezar a poner a pruebas nuestros prejuicios y conjeturas.

Por ejemplo, ¿los coches más potentes son más caros? El saber común dicta que sí pero comprobemos si es cierto:


Vemos un correlación positiva moderada tirando a fuerte entre ambas variables, de manera que algo de verdad hay en nuestra hipótesis. Sin embargo, muchos puntos caen fuera de las bandas de confianza (de color gris) lo que significa que hay más factores que influyen en el precio.

Parece de suyo evidente que uno de tales factores sea el equipamiento. ¿Hasta qué punto es así?


Encontramos otra vez una correlación positiva moderada lo que significa, de nuevo, que nuestra hipótesis es verdadera en cierto grado. Sin embargo, la correlación entre equipamiento y precio es menor que la que hemos visto antes entre precio y potencia de lo que se deduce que, en lo que a coste se refiere, importa más la potencia del motor que el equipamiento.

En los gráficos anteriores se puede observar que para la misma potencia o cantidad de equipamiento hay precios diferentes. ¿A qué puede deberse esto? La primera respuesta que nos viene a la mente seguramente sea la marca ya que hay fabricantes cuyos automóviles, a igualdad en el resto de atributos, son más caros que el resto. ¿Cuáles son las marcas más caras y las más baratas? (clic para ampliar)


Skoda es, con diferencia, la marca más asequible mientras que Mercedes es la maś costosa, seguida de cerca por Infiniti. Cuando modelemos el precio utilizando regresión lineal veremos cuántos euros extra hay que abonar por cada una de estas marcas de lujo.

Más sabiduría convencional que podemos poner a prueba. ¿Los coches más potentes consumen más gasolina?

La respuesta es sí pero la correlación es débil. ¿Será que en el gasto de combustible influye más el peso que la potencia del motor?

Efectivamente, en lo que a consumo se refiere, el peso del vehículo importa más que la sus caballos.

Otra pregunta. ¿Es el precio del seguro más caro cuanto más caro es el coche?

Parece que sí pero no es una correlación fuerte. En realidad, como podemos ver a continuación, en el coste del seguro influye mucho más la potencia.



De todas las correlaciones existentes entre las variables las más fuertes son la que hay entre consumo combinado y emisiones de dióxido de carbono (0,92) y la existente entre potencia y velocidad máxima (0,85). No hay relación entre equipamiento y consumo extraurbano, ni entre el peso y la anchura del vehículo. La correlación negativa más grande es entre velocidad máxima y tiempo de aceleración de cero a cien kilómetros por hora y entre velocidad máxima y potencia. Es decir que, tal como era de esperar, los motores más potentes tardan menos en alcanzar los cien kilómetros hora.

Continuará.

lunes, 15 de octubre de 2018

En busca del coche perfecto (II)

Una vez hemos recopilado la información necesaria el siguiente paso es hacer un análisis de datos exploratorio. En román paladino esto significa familiarizarnos con los datos que tenemos, descubrir patrones y detectar anomalías, así como verificar nuestras suposiciones. Así pues, allá vamos.

Nuestro conjunto de datos consta de 102 coches definidos por 22 variables o características. La siguiente tabla muestra la información básica que necesitamos conocer acerca de estas últimas:

Variable Significado Unidad de medida
CocheIdentificador del vehículo (marca, nombre, acabado y, a veces, potencia)Texto
AcabadoNivel de acabado o versión, siendo 1 el más baratoNúmero entero positivo
CV Potencia del motorCaballos de vapor
CC CilindradaCentímetros cúbicos
Consumo urbanoConsumo urbano según el ciclo NEDCLitros por cada 100 kilómetros
Consumo extraurbanoConsumo extraurbano según el ciclo NEDCLitros por cada 100 kilómetros
Consumo combinadoConsumo en ciclo combinado según el ciclo NEDCLitros por cada 100 kilómetros
EmisionesEmisiones de dióxido de carbonoGramos por kilómetro
VmaxVelocidad máximaKm/h
AceleraciónAceleración de 0-100 Km/hSegundos
Par máximoPar máximo del motorNewtons/metro
PesoPeso en orden de marchaKilogramos
LongitudLongitudCentímetros
AnchuraAnchuraCentímetros
AlturaAlturaCentímetros
MaleteroCapacidad del maleteroLitros
MarcaFabricante del cocheTexto
EquipamientoNúmero de elementos de equipamiento no relacionados con la seguridad (por ejemplo, apoyabrazos, asientos calefactables), excluyendo aquellos que son comunes a todos los vehículos registradosNúmero entero positivo
Equipamiento seguridadNúmero de elementos de equipamiento relacionados con la seguridad (airbags, control de estabilidad o de frenada, sistemas de conducción autónoma, etcétera), excluyendo aquellos que son comunes a todos los vehículos registradosNúmero entero positivo
PrecioPrecio de venta recomendado según web del fabricante, sin descuentosEuros
Oferta posibleEl mejor precio que, en teoría, puede encontrarse en concesionariosEuros
SeguroPrima anual de un seguro a todo riesgo con franquiciaEuros

Primero hemos de estudiar cada una de una de estas variables por separado. Para ello nos serviremos, en lo que a variables numéricas se refiere, de técnicas estadísticas básicas como medias, cuartiles, medianas y desviación estándar. Para las variables de tipo texto usaremos una tabla simple. En ambos casos recurriremos a gráficos (histogramas y diagramas de caja) para ver mejor qué estamos manejando.

Comencemos echando un vistazo a cuántos coches tenemos de cada marca. Tengamos presente que se ha registrado cada combinación de acabado y motor disponible que satisface los criterios mencionados en el artículo anterior.




Alfa Romeo 5
Audi 4
BMW 2
Fiat 4
Ford 5
Honda 6
Hyundai 5
Infinity 2
Kia 10
Mazda 4
Mercedes 2
Opel 6
Peugeot 6
Renault 7
Seat 14
Skoda 5
Volkswagen 9
Volvo 7
Vemos que SEAT y Kia son las marcas que más variedad ofrecen, con catorce y diez modelos  respectivamente. En el lado opuesto, Infinity solo vende un motor de transmisión manual con dos acabados diferentes.

Examinemos ahora la potencia de los motores en nuestra base de datos.



Mínimo100
Primer cuartil116
Mediana125
Media128.8
Tercer cuartil140
Máximo200
Desviación estándar18.93915
Podemos observar que la potencia media ronda los 130 CV, y que la mayoría de los coches que tenemos registrados están entre 110 y 150 CV. El diagrama de caja muestra dos registros que se salen de lo normal, lo cual podría indicar un error en la grabación de los datos. Afortunadamente, no es el caso: esos puntos corresponden a las versiones del Honda Civic con motores de 186 CV y una versión del Opel Astra que tiene 200 CV.

A continuación, centrémonos en el precio.

Salta a la vista que hay tres grupos distintos: uno de coches baratos entre 15.000 y 17.000 euros, el grupo principal, cuyos precios se mueven entre los 18.000 y los 29.000 euros, y otro que seguramente corresponda a las marcas más exclusivas, con importes que parten de los 30.000 euros. El precio medio es 23.701 euros, situándose el grueso entre los 21.046 y los 26.552 euros.

Mínimo15701
Primer cuartil21046
Mediana23470
Media23701
Tercer cuartil26552
Máximo31575
Desviación estándar3681.217
Como decía al principio, hay que repetir este proceso para cada variable pero, por razones de tiempo y espacio, vamos a detenernos aquí. Nuestro coche medio sería así:

Acabado3
Aceleración 0-100 km/h9.72
Altura1500
Anchura1798
CC1342
CV128
Consumo combinado5.3
Consumo extraurbano4.6
Consumo urbano6.5
Emisiones123
Equipamiento de seguridad10
Equipamiento30
Longitud4341
Maletero387
Oferta posible20703
Par máximo212
Peso1296
Precio23701
Velocidad máxima202


Obviamente, este coche no existe como tal pero esta información nos será útil más adelante cuando tratemos de entender el precio de los automóviles.

Continuará.

lunes, 1 de octubre de 2018

En busca del coche perfecto (I)

Si van a ser compradores maximizadores más les vale tener un sistema para navegar por el maremágnum de opciones disponibles, un método que les permita analizar los datos y guiarles en la toma de decisiones. Voy a compartir el mío con ustedes.

Hay quien confía en su instinto para decidir y le va bien. Por desgracia para mí, yo no tengo ningún sexto sentido y no me fío en absoluto de mis corazonadas por lo que prefiero basarme en números. El sistema que voy a mostrar consiste, a grandes rangos, en encontrar una ecuación cuyo resultado muestre cual es la mejor elección. Como beneficio adicional, en el proceso entenderemos por qué los números no son hechos fríos y objetivos.

Quizá mi sistema les parezca excesivamente laborioso pero, en realidad, no es más que la versión rigurosa de lo que la mayoría hacemos: ver las alternativas a nuestra disposición y compararlas. Si no están interesados en los detalles, he aquí la versión resumida:
$$puntos = {a1 \cdot a2 \cdot ... \cdot aN \over b1 \cdot b2 \cdot ... \cdot bN}$$
donde a1, a2... aN son las características que cuanto mayores sean, mejor (por ejemplo, espacio en el maletero, nivel de equipamiento, etcétera), y b1, b2... bN son aquellas que cuanto mayores sean, peor (por ejemplo, el precio). Así pues, dados estos tres coches:

CocheCVMaleteroPrecio
Coche 1 120 380 15000
Coche 2 130 370 15500
Coche 3 129 400 18000

calculamos sus puntuaciones respectivas

CochePuntuación
  Coche 1   120*380/15000 = 3.04
  Coche 2   130*370/15500 = 3.10
  Coche 3   129*400/18000 = 2.86

y concluimos que el coche 2 es el mejor. Si quieren saber por qué esto es así (¿por qué multiplicar en lugar de sumar?) y cómo puede mejorarse (¿qué pasa si unas características nos importan más que otras?) sigan leyendo.

Entremos en materia recordando nuestro objetivo: encontrar el coche perfecto. Para ello, lo primero que debemos hacer es definir qué entendemos por «perfecto». Como definición de trabajo, diremos que el coche perfecto es aquel que satisface todas nuestras necesidades. De esta definición se deduce que «perfecto» tiene significados distintos para cada persona, pues cada individuo (o el mismo individuo en momentos distintos) tiene necesidades diferentes. Por ejemplo, cuando compré mi primer coche mi definición de perfección incluía cualidades tales como «barato», «pequeño», «seguro» y «eficiente». Ahora mismo, sin embargo, además de seguro ha de ser espacioso, tener cierto nivel de equipamiento, poseer cierta potencia para viajar cómo por la carretera y mostrar una excelente relación calidad-precio.

Una vez aclarado lo que entendemos por «perfecto» lo siguiente es conocer nuestros gustos y preferencias para poder reducir el espacio de búsqueda. No es un paso estrictamente necesario, pues teóricamente podemos reunir información de todas las opciones que hay y compararlas, pero esto tiene algunas desventajas. En primer lugar, cuantas más alternativas podamos descartar de entrada menos tardaremos en recopilar los datos necesarios. Por otra parte, para que las comparaciones sean justas hay que hacerlo entre iguales, esto es, comparar «manzanas con manzanas» y no «manzanas con naranjas». De no hacerlo así corremos el riesgo de bloquearnos al no poder decidir entre alternativas que no son comparables. Por ejemplo, supongamos que nuestra ecuación muestra que los tres mejores automóviles son un compacto blanco, un SUV negro y una berlina con cambio automático. Si todos tienen la misma puntuación y no tenemos preferencia por un color, carrocería o tipo de transmisión ¿cómo deshacer el empate?

En mi caso, tenía claro que quería un coche compacto, lo que deja fuera gran parte de la oferta de automóviles actual (SUVs, coches con carrocería familiar, todoterrenos, etcétera). Tampoco he dudado acerca de qué tipo de combustible usar (gasolina) ni el tipo de transmisión (manual). Finalmente, he circunscrito mi búsqueda a vehículos de entre cien y doscientos caballos de potencia.

Estas restricciones han reducido el conjunto de opciones a explorar a poco más de cien coches. Una lista tan larga tiene como ventaja que las conclusiones que extraigamos del análisis de datos serán más fiables. Como contrapartida, nos llevará más tiempo y energía reunir todos esos datos que si nuestra búsqueda fuera aún más restringida.

Es de obligado cumplimiento explicar cómo se han obtenido los datos. Para confeccionar nuestra pequeña base de datos (la pueden descargar aquí) he visitado las páginas web de cada marca y registrado los modelos disponibles del segmento C con motores de gasolina, caja de cambio manual, potencia entre cien y doscientos caballos y carrocería hatchback de cinco puertas.

Para los datos de equipamiento y dimensiones me he basado en la información disponible en www.km77.com (aplicando las correcciones oportunas según la información oficial en algunos casos). Para calcular el precio del seguro he usado www.arpem.com. Los datos de prestaciones han sido obtenidos de la página del fabricante. Cuando no estaban disponibles, he usado los de www.km77.com y, cuando aquí tampoco aparecían, los de www.cochesyconcesionarios.com.

Para cada vehículo he grabado dos precios. Uno es el precio de venta recomendado en la página web de la marca, sin descuentos. El otro es la oferta que (en teoría) puede encontrarse en concesionarios según la página www.cochesyconcesionarios.com entregando un coche usado. Cuando era inferior he usado el precio recibido a través de www.carnovo.com, un servicio recién descubierto por mi parte que permite obtener gratuitamente ofertas de concesionarios oficiales.

Continuará.

lunes, 24 de septiembre de 2018

Vendedores perros

Ansío el día en el que se puedan comprar coches como se pueden comprar teléfonos móviles u ordenadores en tiendas en línea. Para las personas como yo, aquellos que preferimos tratar con una máquina antes que con una persona, la inevitable ronda por los concesionarios es una tortura.

Mi experiencia me ha enseñado que los vendedores no aportan nada. Ellos, claro está, defienden su labor:

[U]na máquina no puede enseñarnos ni explicarnos el automóvil de cabo a rabo; no puede interesarse por nuestras necesidades y ofrecernos el modelo más adecuado (tanto por motorización como por equipamientos opcionales); no puede organizar una divertida y práctica prueba dinámica con el vehículo que nos interesa; y, sobretodo, no está capacitada para empujarnos a efectuar la adquisición. Porque eso es lo que convierte a un vendedor en imprescindible: un comercial debe empujar a comprar. Y eso jamás lo hará una computadora o un cajero automático.
Ninguna de esas supuestas ventajas del vendedor son exclusivas, o prescindibles, o ciertas. He aquí mis experiencias más recientes con esta fauna.


Señor Audi

Un joven con un peinado impecable más preocupado de sus necesidades que de las de sus clientes. Intentó convencernos (en vano) de que lo que queríamos era un coche diésel. A la hora de elegir solo buscó en el inventario disponible bajo el pretexto de que si hacíamos un pedido a fábrica tardaríamos cuatro meses en tener el coche. Era evidente que de allí no íbamos a obtener lo que queríamos.

Pudimos probar el Audi A3 de ciento cincuenta caballos con motor diésel y acabado deportivo cargado de extras, lo que significaba que solo se parecía al coche que pretendíamos en el nombre del modelo. Al menos el coche era estupendo y el señor Audi fue muy amable durante la prueba, explicándonos las características del vehículo y dándonos tiempo de sobra para probarlo.

Tras la prueba volvimos a su mesa y solo pudo ofrecernos un descuento adicional de trescientos euros que  -dijo- dependía de que su jefe se lo aprobara y de que compráramos el coche en el momento (una táctica clásica). Nos explicó que podría pedirlo porque estaban casi a mediados de mes y aún no habían vendido nada.

Señor BMW

Un aspecto físico imponente para esconder a un vendedor displicente y ayuno de profesionalidad. Fuimos a probar el Serie 1 y, cuando llegamos, estaba ocupado atendiendo a otros clientes. Nos preguntó si quería las llaves para que nos diéramos una vuelta, a lo que respondí que preferíamos esperarle por si teníamos preguntas.

Terminó con sus clientes y fue a por el coche. «No me ha dado tiempo a lavarlo», nos advirtió. Siendo BMW supuse que «sucio» significaría algunas motas de polvo en el salpicadero. Qué ingenuo. Nos trajo un modelo desfasado con más mierda que los baños de un concierto, tanto por fuera como por dentro. Las únicas palabras que nos dirigió durante la prueba fue para indicarnos por dónde ir («divertida y práctica prueba», mis cojones). Era la última hora del viernes así que supongo que estaba más interesado en salir de allí e irse de fiesta que en hacer su trabajo. Lamentable.

Señores Ford

Los vendedores de Ford han sido, junto con los de Kia, los más amables y atentos. Dimos con uno con tendencia a la sobreexposición, esto es, a contar cosas que cualquier persona no le diría a alguien que acaba de conocer. Supimos que su suegra estaba en el hospital por una operación, que su mujer tiene un problema físico relacionado con la menstruación, que tiene dos gatos y trabaja con una asociación que los recoge, que estuvo trabajando en Lexus y un día el presidente de Acciona pasó por allí e hizo como si fuera invisible, y que los dos compañeros que tiene al lado se llevan fatal.

Otro de los señores Ford nos dejó probar el nuevo Focus con el acabado que queríamos y motor de gasolina pero con transmisión automática. Me preguntó si alguna vez había conducido un coche automático. Le dijo que no, a lo que respondió: «ten mucho cuidado de no mover la pierna izquierda». Al llegar a la primera rotonda lo entendí: tuve que hacer un esfuerzo consciente para dejar el pie quieto. Nos explicó que mucha gente no logra frenar el impulso y acaba frenando con el pie izquierdo, lo que deriva inevitablemente en una detención brusca porque nadie tiene cogido el tacto del pedal con ese pie. Él mismo había intentado entrenarse y no había conseguido frenar con suavidad usando el pie de su lado no natural.


Señor Honda

Nos hizo una buena oferta por el Civic de cinco puertas pero no se tomó nada bien que fuéramos a preguntar a otro concesionario, algo de lo que se enteró porque le saltó un alerta en su sistema. La prueba duró menos de lo que me habría gustado pero tampoco me importó demasiado porque no me sentí cómodo con el coche. Apenas nos explicó nada sobre el vehículo.

Señor Kia

Simpático pero muy agresivo. Pude ver que todos los vendedores de ese concesionario intentaban a toda costa cerrar la venta en el momento ofreciendo descuentos adicionales si se firmaba en acto. En nuestro caso, tras sucesivas rebajas y viendo que no estábamos convencidos nos dijeron que podían bajar el precio aún más en una cuantía que no nos dirían a menos que nos comprometiéramos a comprarlo.

Nos dejaron probar el Ceed del año pasado y el nuevo. La prueba del modelo nuevo apenas sirvió para nada pues nos dieron un coche recién matriculado que iban a entregar a un cliente y lo estaban probando, así que solo pudimos dar una vuelta a la manzana. La prueba con el modelo antiguo estuvo bien pero pocas conclusiones se podían sacar de ella que sirvieran para el modelo nuevo.

Señor Mazda

El tipo tenía el porte, la apariencia y las maneras de un actor de cine de los que interpretan personajes sofisticados en películas de James Bond. Pasaron varias semanas antes de llamarnos para preguntarnos si queríamos probar el coche lo que me hizo pensar que estaba iniciando la ronda de ventas del nuevo mes.

Probamos el Mazda3, modelo cuya producción ha cesado (saldrá una nueva versión el año que viene), lo cual era la excusa perfecta para azuzarnos con aquello de «me lo quitan de las manos» y «mañana igual no hay». Durante el trayecto el vendedor se mostró más cercano, hizo alguna broma y me guió para probar las características que hacen únicas a este vehículo de motor atmosférico, una rara avis en la era de los motores pequeños con turbo.

Señor Renault

El Megane fue la primera parada de nuestro viaje en busca de un nuevo compacto. Tras verlo por dentro quedó claro inmediatamente que no se adaptaba a nuestras necesidades debido al reducido espacio en las plazas traseras. Sin embargo, el modelo expuesto contaba con head-up display, una ayuda de conducción que quería probar, así que nos apuntamos a la cola de espera para que nos atendiera un vendedor. Tras más de una hora de dilación se nos acercó un personaje cuyo parecido con Pipi Estrada, sabríamos enseguida, no se limitaba al físico sino que se extendía al polvo blanco.

Fue condescenciente («te lo voy a explicar otra vez para que lo entiendas») y estúpido («no puedes contestarme a una pregunta con otra pregunta»). Decía que llevaba más de veinte años vendiendo coches y que le molestaba tener que hablar de la tecnología que incluía el coche (navegador, HUD, etc.) cuando toda la vida lo más importante había sido el chasis y el motor. Alguno de los tópicos que nos regaló dejaban entrever que está un poco fuera de onda («estos coches son tan bonitos que parecen italianos, los cabrones»).

Se mostró muy reacio a darnos un precio desde el momento en que quedó claro que no íbamos a comprar nada esa misma tarde. Después de insistir nos llevó a su mesa y nos hizo una oferta que no tuvo la decencia de imprimir y explicarnos. En lugar de eso, nos envió por correo una captura de pantalla de su escritorio en la que salía el precio (y todas las aplicaciones que tenía abiertas). Para mayor escarnio, el precio era con financiación incluida, algo que le habíamos dicho que no queríamos.

Señor SEAT

Otro joven desesperado por deshacerse de las existencias almacenadas que no me dejó configurar el modelo que yo quería. Nos cayó tan mal que ni siquiera pedimos probar el coche. Era una de esas personas con las que hablas un rato y te quedas con la impresión de que son estúpidos pero sin ser capaz de señalar la frase o el comportamiento exacto que da lugar a esa sensación.

Señor Subaru

Un hombre frisando la jubilación que nos atendió cordialmente. Mientras preparaba nuestra oferta interrumpió una familia desairada que quería hablar con él porque llevaban siete meses esperando el coche que habían pagado. Cuando nos despedimos le desee suerte porque estaba claro que iba a ser una tarde tensa para él.

Señor Volkswagen

Al principio nos trató de forma normal pero las cosas empezaron a ponerse raras con el precio que nos dio. Normalmente, cuando preguntas por un coche, cogen el precio de venta recomendado y le restan promociones de la marca, campañas internas y descuentos adicionales del concesionario. Ha sido la primera vez que la oferta no incluía ni un solo descuento. Nada. Cero. Niente. Un precio redondo de 23.000 euros por un Golf de ciento treinta caballos. O ese hombre había vendido coches de sobra, o iba a usar la cifra como punto de anclaje para las negociaciones, o era un incompetente supino.

Sea como fuere, le preguntamos si podríamos probarlo y nos dijo que era suficiente con que le llamáramos con un día de antelación. Fue entonces cuando Kafka se hizo cargo del guión. No contestaba nunca al teléfono así que encargamos la prueba en ese concesionario a través de la página web de la marca. Nos llamó y nos dijo que no tenía ningún coche de prueba, contradiciendo lo que había afirmado en persona, y nos derivó a otro concesionario del mismo dueño situado a quince kilómetros.

La prueba fue bien, la persona que nos atendió fue atenta y amable. Como siempre, el coche no era el que queríamos (nos dejaron un modelo familiar diésel) pero pude ver en persona el funcionamiento del cockpit virtual, una característica muy vistosa por la que tenía curiosidad.

Al día siguiente la marca nos envió por correo una encuesta de satisfacción sobre la prueba cuya casilla «otras observaciones» aproveché para desfogarme y afear la mala labor del vendedor. No sé si la crítica hizo que recibiera un tirón de orejas pero lo cierto es que nos llamó a los pocos días para preguntar por la prueba que habíamos hecho.

Señor Volvo

Nos dio las llaves de un coche de flota para que lo probáramos por nuestra cuenta. De nuevo, ni el acabado ni el motor era el que buscábamos pero nos dimos una vuelta por curiosidad. El sistema de infoentretenimiento de Volvo es a los sistemas actuales lo que una Blackberry de 2008 es a los teléfonos móviles de hoy día. La falta de entusiasmo del vendedor por apuntarse una venta casaba perfectamente con nuestra falta de entusiasmo por comprar ese coche.

Señora Hyundai, Señor Peugeot y Señora Skoda

He dejado para el final a aquellos que no destacaron en ningún sentido, ni bueno ni malo. No tengo ninguna queja respecto a ellos pues hicieron ni más ni menos que lo quería: darme un precio para el modelo que buscaba. Los tres podrían ser reemplazados por una página web, y yo lo agradecería.

No digo que todos los vendedores sobren. Cada persona tiene su estilo de compra y habrá quien necesite de alguien que le explique el producto, o que le dé razones para terminar de convencerse de aquello que ya piensa para sí. Lo que digo es que a mí, como maximizador, me sobran pues toda la información que se necesita para comparar puede obtenerse mediante el catálogo o los servicios de atención al cliente de la marca. Salvo el más importante, claro. El precio real.